CONFESIÓN
Y debo admitir(te)
que tu piel quedó grabada
en mi memoria;
un deseo constante
que arde y me envuelve
en un torbellino de fuego
que no se rinde,
que no olvida
tu aliento y tu calor.
Mi cuerpo vibra
y me falta el aire;
cuando tus manos recorren mi cuello,
mis hombros,
y caigo rendida
entre tus brazos.
Me confieso,
como miel que se derrama
y se pierde en tu boca,
en tus caricias que me alocan,
en cada instante donde existimos.
Y tú,
seguro de mi amor,
dueño de mis deseos,
ancla y tormenta a la vez,
tan dentro de mí
siendo mío por completo.
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